ciegos
se mueven como esos murciélagos
que salen a buscar uvas de playa
en el atardecer

sin hablar mucho se apresuran
se deslizan sin aliento
sobre el aire
por los largos corredores estrechos

como pueden irrumpen en la habitación
donde keith urban suena contra las paredes
y un oxidado ventilador convierte el trópico
en este pesado calor giratorio:
él ha visto el comienzo del cielo
ella sabe dónde termina

como adivinando
se desprenden de la calle a tirones
se estrellan en un solo torso húmedo
y el amor se les vuelve un claroscuro
de espejos derrotados.