para seguir viviendo
enamoré a una mujer preciosa
con ojos de viento y mar

un cuerpo cálido y profundo
ese íntimo espacio vegetal
que se humedece más allá 
de la última estrella
sin condiciones
para recibirme en lívidas llamas

templo de sal resto de ceniza
esbelta nave marinera que corta las olas
con todas las velas desplegadas:

ella es el horizonte incendiado
en su implacable belleza.